Los Rituales Del Reencuentro

El cuerpo humano desnudo tiene una vida y fuerza propias. Nunca dejará de despertar nuestras más profundas emociones, siendo al mismo tiempo tan natural como el de cualquier otra criatura viviente.

A lo largo de nuestras vidas, hemos pintado, tatuado y deformado nuestros cuerpos en respuesta a diferentes etapas y circunstancias. En algunos casos, estas prácticas han echado profundas raíces en nuestras culturas, donde sus ceremonias nos dan identidad y certeza.

Nos comunicamos a través de estos rituales. Nuestros cuerpos hablan y nuestras mentes sueñan con un futuro mejor; es una de las expresiones artísticas más bellas e interesantes del ser humano.

En tiempos lejanos, los chamanes realizaban ceremonias para asegurar el bienestar de sus comunidades, ofreciendo tributos al mundo natural. En estos rituales, los participantes desempeñan un papel fundamental, a veces pintándose, a veces sólo bailando o tomándose de la mano unos a otros. Hoy en día, hemos olvidado esa profunda conexión con la naturaleza. Ya no valoramos el aire, el agua y el alimento que tomamos de nuestro planeta.

La fotografía me ha servido de herramienta para comunicar importantes problemas ambientales. Junto con las organizaciones que apoyo y para las cuales trabajo, hemos lanzado campañas para proteger especies en peligro tales como el jaguar, el quetzal y la marsopa vaquita. Hemos producido libros, esculturas, pinturas, exposiciones, impresiones, estampillas y organizado expediciones con fotógrafos profesionales para crear mayor conciencia en torno a las especies y sus hábitats.

Un creciente número de profesionales se han unido a esta cruzada, pero las imágenes fotográficas han perdido fuerza. En esta época de comunicación mundial vía Internet, diariamente nos bombardean con tanta información y tantas noticias descorazonadoras que nos hemos vuelto inmunes. Las imágenes de especies perdidas y de la fragmentación de hábitats ya no tienen el mismo impacto; es como una amnesia de la conciencia.

Durante 25 años he luchado en las trincheras ambientales, ayudando a líderes gubernamentales, científicos, corporativos y conservacionistas a llegar a acuerdos sobre la conservación de las tierras silvestres y la biodiversidad. Ahora me doy cuenta de que las batallas ganadas son efímeras, y que las perdidas, las hemos perdido por siempre. Debía cambiar mi enfoque. En esencia soy artista, y por eso ahora uso la experiencia obtenida a lo largo de todos esos años para construir una nueva forma de hablar y dialogar a través de las artes. Este proyecto, el cual bauticé Los rituales del reencuentro, incluye más de 25 obras de arte que utilizan el cuerpo humano como lienzo y escultura para exponer los problemas ambientales relacionados con los animales en peligro de extinción. Esta forma de arte efímera es captada por la cámara y transformada en obras que se presentarán a sociedades en todo el mundo.

La idea fue concebida luego de muchos años de buscar diferentes maneras de comunicar más eficazmente los temas relacionados con el mundo natural. Comenzó en 2009 durante el 9.º Congreso Mundial de Tierras Silvestres (9th World Wilderness Congress) en Mérida, Yucatán. En esa ocasión, invité a conocidos pintores y fotógrafos para que presentaran diferentes visiones de la naturaleza utilizando el poder del cuerpo desnudo tanto del hombre como de la mujer. Dos años más tarde, me invitaron a coordinar un ejercicio parecido durante un festival de arte único, MareArte, en La Paz, Baja California Sur. Entretanto, trabajé otras piezas que abordaban temas ambientales como la fragmentación de los hábitats, las capturas incidentales relacionadas con la industria del camarón, y la amputacion de las aletas de tiburones, entre muchos otros. Ahora, algunas de las especies que solía fotografiar en campañas anteriores han adquirido una nueva voz.

El 15 de octubre de 2011, creamos la Ballena Azul Humana. El ritual comenzó temprano por la mañana cuando las cálidas aguas de la isla Espíritu Santo recibieron a participantes de 12 países. Poco antes de la caída de la tarde, una gran silueta de una ballena azul hembra de 28 metros de largo quedó formada por los cuerpos de 59 mujeres. Había sólo un lenguaje: silenciosamente, todas hablaron en nombre de la naturaleza, y al hacerlo, las 59 mujeres se reencontraron consigo mismas y adquirieron una identidad común: ahora todas pertenecen al clan de la ballena azul.


Otras Obras

Wild 9 » Merida 2009

Marearte » La Paz 2011